ROMASANTA, EL HOMBRE LOBO DE ALLARIZ

Vamos hoy con un asesino en serie autóctono: Manuel Blanco Romasanta, el primer caso de asesino múltiple investigado por el sistema judicial español. Es un caso curioso y el único en el mundo en el que el acusado es juzgado por licantropía clínica y del que además se conserva el expediente judicial completo.

El mito del hombre lobo tiene siglos y siglos de antigüedad y está casi tan extendido como la figura del vampiro. Pese a que tiene sus orígenes en Europa, existe en la tradición oral y escrita de países de todo el mundo y es protagonistas de cuentos, leyendas y creencias populares que han permanecido hasta nuestros días.

Concretamente en Galicia, la figura del “hombre lobo”, que conocemos como “lobishome” o “o lobo da xente” forma parte de imaginario popular gallego: se decía que quien naciese como séptimo o noveno hijo de un matrimonio en el que todos los hijos habían sido del mismo sexo tendría como sino ser un hombre lobo. Otras veces esta condición era fruto de una maldición directa y podía afectar tanto a hombres como a mujeres, pero con una diferencia: si la maldición recaía sobre una mujer ésta se transformaría en lobo y permanecería para siempre en ese estado. Sin embargo, si la maldición recaía sobre un hombre, éste podría alternar su forma humana con su forma animal, transformándose principalmente en las noches de luna llena.

Para conocer algo más sobre Romasanta tenemos que trasladarnos a la parroquia de Esgos (Ourense) donde el 18 de noviembre de 1809 venía al mundo Manuela Blanco Romasanta. No se trata de un error: así consta en su partida de bautismo. Y es que las investigaciones llevadas a cabo principalmente por el antropólogo Mariño Ferro y por el forense Fernando Serrulla desvelaron que el de Romasanta era un caso de intersexualidad 46XY, es decir “padecía pseudo hermafroditismo femenino” por lo que sus padres lo inscribieron en un primer momento como mujer. No sería hasta diez años después, cuando realiza la confirmación, cuando es oficialmente registrado en los documentos de la parroquia como varón.

Era un joven rubio, de pequeña estatura, de aspecto agradable, muy religioso y atento que sabía coser, cocinar, bordar, calcetar y que solía estar siempre acompañado de mujeres, lo que suscitaba las burlas de los hombres del lugar, que lo consideraban “demasiado afeminado”. Además, sabía leer y escribir, algo inusual en una época en la que gran parte de la población era analfabeta y en la que el acceso a la educación estaba sólo al alcance de unos pocos privilegiados.

Se casa muy joven, con apenas 22 años y enviuda un año después, en 1833. Después de trabajar como costurero, tendero, cocinero, pastor… opta por el mercadeo, pasando a viajar de pueblo en pueblo vendiendo todo tipo de mercancías.

Poco a poco se va haciendo conocido en los diferentes pueblos de Galicia y no sólo por ser un joven amable y gran conversador: todos rumorean que entre las mercancías que vende se encuentra un ungüento hecho con grasa humana que vende en el norte de Portugal por lo que empieza a ser conocido como “el Sacamantecas” o “o home do unto”.

En uno de sus viajes se ofrece a llevar a un vecino que se dirigía a Portugal a buscar empleo: no vuelven a tener noticias suyas hasta un tiempo después, cuando su cuerpo sin vida aparece en los bosques cercanos. Las sospechas y acusaciones no tardan en recaer sobre Romasanta y decide abandonar el lugar.

Se supone que continúa su trabajo como buhonero por los pueblos de Galicia, Castilla y el norte de Portugal. Su segundo asesinato lo cometería en 1844, cuando mata en Ponferrada a Vicente Fernández, un alguacil que había ido en su búsqueda para cobrar una deuda que Romasanta tenía con un proveedor de León. Fue condenado a diez años de prisión pero logra escapar y se refugia en el pueblo de A Ermida y poco después se establece en la aldea ourensana de Rebordechao, donde permanecería casi diez años.

Allí continúa con su oficio de buhonero y, al viajar constantemente se ofrece a transportar a todo aquel que decidía abandonar su tierra para probar suerte en otros lugares de España. Es en esta época cuando conoce a las hermanas García Blanco. Romasanta era un embaucador, un conquistador y pronto convence a Manuela, una de las hermanas, madre soltera que tenía una hija (Petra) de 9 años para que abandone Rebordechao y se vaya a Santander, donde le había encontrado un buen trabajo como sirvienta en casa de un cura. Manuela vende los poco que tenía (4 o 5 cabezas de ganado) y se marcha con Romasanta. Poco tiempo después, sus hermanas recibirían una carta en la que Manuela relataba que estaba contenta y que la estaban tratando bien, pero lo cierto es que ni ella ni su hija pasaron con vida de la Sierra de San Mamede.

Esto mismo hizo con Benita y su hijo Francisco, con Antonia y su hija Peregrina, con Josefa y a su hijo José… Buscaba mujeres solteras (la mayoría madres solteras) y las enamoraba: solía recitarles poesías, leerles cartas y hablarles sobre un futuro prometedor en Santander pero ya en los bosques de Redondela y Argostios acababa con sus vidas con sus uñas y dientes y se quedaba con su dinero, su ropa y sus pertenencias. Pese a que les hacía llegar a los familiares cartas en las que las mujeres relataban que todo les iba bien y eran felices, las sospechas eran cada vez más fuertes y, finalmente, se da orden de que Romasanta sea detenido.

Gracias a la ayuda del párroco de Rebordechao, que le advierte de que vienen a detenerlo, consigue huir a Toledo con un pasaporte falso. Allí es reconocido por tres de sus paisanos que se encontraban trabajando como jornaleros y es detenido en 1852, momento en el que confiesa 13 crímenes y da, por primera vez, testimonio de su condición de hombre lobo:

«La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre».

Pese a argumentar que perdía “su capacidad de razonar” y que entraba en un estado de trance tras el cual lloraba tras descubrir las atrocidades que había cometido, pudo relatar con todo lujo de detalles cada uno de sus crímenes, incluso llegando a mostrarle a las autoridades los lugares donde había abandonado los restos de sus víctimas.

Aunque algunos consideran que el argumento del hombre lobo usado por Romasanta era una invención, el antropólogo Mariño Ferro defiende que lo más probable es que Romasanta, tal y como hacemos todos los individuos, interpretase sus actos apoyándose en los conocimientos que tenía y el llamado “lobo da xente” o hombre lobo sería una figura con la que se identificaría y le serviría para explicar de algún modo su comportamiento, una interpretación que él realizaría en base a los elementos culturales que le rodeaban, muy presentes en la mitología y cultura tradicional gallega.

El proceso judicial contra Romasanta dura casi dos años y llama poderosamente la atención porque nunca hasta entonces se había juzgado a nadie como asesino múltiple y Romasanta estaba siendo procesado por la muerte de 9 personas (aunque se le considera autor de 13 asesinatos). Y aquí se produce un hecho interesante: si la fiscalía quería dar por válidos y pretendía usar las confesiones de los asesinatos de Romasanta, su relato sobre su transformación en hombre lobo también debía ser oído y ser tenido en cuenta. Y así, entre datos escalofriantes y confesiones, Romasanta cuenta su historia y relata que, fruto de esa enfermedad, se “transformaba en figura de Lobo perdiendo la de hombre, y llevado de una fuerza irresistible se echaba a las víctimas que tenía delante, las desgarraba con las uñas y dientes hasta que hechas cadáveres las devoraba y comía”.

Determinar si Romasanta era o no un enfermo mental, como argumentaba su defensa, era fundamental pues podría eximirlo de la pena de muerte. Sin embargo, los seis médicos que lo examinaron concluyeron que no padecía ningún tipo de enfermedad y que sus actos eran fruto de la maldad (literalmente afirmaron que era “malvado de claro entendimiento”) por lo que el 6 de abril de 1853 es condenado a morir por garrote vil y a pagar una multa de 1000 reales por cada una de las víctimas.

El caso de Romasanta había tenido mucho eco y llegó a oídos de un tal Mr. Phillips, un doctor que leyó el caso en un diario argelino. El Dr. Phillips era en realidad Joseph Pierre Duran de Gross, un exiliado político pionero en ciencias experimentales, que practicaba la hipnosis y otras técnicas y estaba convencido de poder demostrar que Romasanta padecía una enfermedad mental.

También interesó mucho el caso a Isabel II, que logra paralizar la sentencia de garrote vil (para enfado de la fiscalía) y le concede el derecho de gracia, un indulto real por el que se conmutaba su pena de muerte por una cadena perpetua que cumpliría en Ceuta, donde sería estudiado por científicos (algo que nunca había pasado ni pasó) hasta su muerte por un cáncer de estómago en una prisión de Ceuta, el 14 de diciembre de 1863.

No existen dudas de que Romasanta no era en realidad un hombre lobo pero sí hay varias teorías sobre su naturaleza criminal: unos afirman que era un psicópata, otros tiran más por una explicación biológica y atribuyen sus ataques de violencia al alto nivel de andrógenos que tenía. Y hay una teoría curiosa: la ingesta de centeno en mal estado. Puede sonar a broma pero no: recordemos que en esa época había mucha pobreza y mucha hambre y durante algunos años las cosechas de centeno no eran buenas y el cereal no se limpiaba correctamente para aprovecharlo lo máximo posible. Bien, pues en el centeno habitaba un parásito conocido como cornezuelo del centeno, un parásito que producía fuertes alucinaciones y estados de trance que podrían ser la explicación de los episodios sufridos por Romasanta. De hecho, casi 100 años después, se descubriría el LSD 25, que se extrajo precisamente del cornezuelo del centeno. Esto es tan solo una teoría y aunque parezca alocada no debemos olvidar el caso de las Brujas de Salem cuya investigación posterior demostró que en absoluto se había tratado de brujería sino de la ingesta de centeno en mal estado.

Y otro detalle más: El caso de Romasanta puso de manifiesto la necesidad de contar con especialistas para analizar casos de asesinatos, algo que se conseguiría en 1862 cuando se crea por primera vez la figura de médico forense en los juzgados de primera instancia.

Y así, entre datos y leyendas, mito y realidad…la historia de Manuel Banco Romasanta, un caso único, más de 2000 folios de expediente, el “caso 1788, causa llamada del hombre lobo”, custodiado en el Archivo Histórico del Reino de Galicia, la única sentencia contra un hombre lobo.

Y hasta aquí el hilo de hoy. Espero que os haya gustado. Era un hilo que había escrito hace tiempo pero le faltaban datos, tenía varios errores y decidí hacerlo de nuevo.

Os dejo la bibliografía:

Publicado por veganibalecter

Como perder el tiempo en twitter no me parecía suficiente...decidí abrirme este blog. Aquí encontraréis (en otro formato) mis hilos sobre cine, historia, literatura, sociología...

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