ASESINOS EN SERIE: TED BUNDY

Vamos hoy con un clásico entre los clásicos: Ted Bundy, uno de los asesinos en serie más conocidos. Bundy es el asesino sobre el que más me he documentado y confieso que me fascina y aterra a partes iguales. Ya os había hablado de él hace un par de años, pero he decidido rehacer ese hilo y completar algo más su historia. Vamos allá.

Theodore Robert Bundy vino al mundo un 24 de noviembre de 1946 en un hogar para madres solteras cerca de Philadelphia, Pensilvania. Durante sus primeros cuatro años de vida se crio en casa de sus abuelos. Ser madre soltera en los años cuarenta era un asunto delicado e incluso vergonzoso y, quizás por esa razón sus abuelos hicieron creer a sus vecinos que Ted era un niño que habían adoptado. Eso creyeron sus vecinos y eso creyó el propio Ted, que vivió considerando que eran sus verdaderos padres y que Louise, que así se llamaba la madre, era su hermana.

No existe mucha información sobre la infancia de Bundy. Cuando Ted tenía cuatro años, se muda con Louise a Tacoma (Washington) y allí empiezan una nueva vida junto a John Bundy, un hombre de buen carácter y que lo trató bien. Bundy narra una infancia feliz, sin complicaciones y esto ya marca una diferencia con respecto a las infancias que hemos visto en otros asesinos en serie, donde los abusos y el maltrato eran la tónica habitual. No sabemos si Bundy miente con respecto a su infancia (era un maestro de la mentira) pero los testimonios lo definen como un niño normal, tímido, algo solitario y retraído que no causaba problemas. Es buen estudiante, Boy Scout, buen deportista y, sobre todo, muy ambicioso: ya desde pequeño sueña con ser rico y famoso.

Con los años y tras su paso por la universidad se convierte en un joven ambicioso, seguro de sí mismo, seductor: caía bien, tenía aire de triunfador y parecía que la vida le sonreía. Se licencia en Psicología por la Universidad de Washington y los que lo conocen lo definen como un joven “limpio”, “educado”, “seductor”, un poco arrogante y egocéntrico, pero con grandes habilidades sociales.

Su activismo político lo lleva a trabajar en el Partido Republicano de Seattle en la campaña del gobernador Dan Evans. Esto le permite seguir llevando una intensa vida social y relacionarse con personas influyentes: políticos, abogados y gente “adinerada” entre la que se encuentra su primera novia, Diane.

Bundy tiene grandes aspiraciones y quiere llegar a pertenecer a la clase alta. Además de sus estudios en psicología y su pequeña incursión en el mundo de la política, Bundy colabora durante un tiempo en el teléfono de la esperanza, estuchando y asistiendo a cientos de personas y evitando así su suicidio.

En 1973 decide estudiar Derecho. Sin embargo, sus notas son demasiado mediocres para acudir a las mejores escuelas de derecho y debe aceptar matricularse en la escuela nocturna de la Universidad Puget Sound, en Washington. Este hecho, unido a su ruptura con su pareja, Diane, supone para Bundy un duro golpe a todos los niveles. Como confesaría años más tarde fue un “golpe emocional” que le causaría “desorientación”, “inseguridad” y “rechazo hacia todo” (Netflix tiene en su catálogo una serie documental “Las cintas de Ted Bundy”, es con diferencia, el trabajo más amplio y riguroso que he visto sobre la vida de Bundy y cuenta con más de 100 horas de conversaciones que el periodista Stephen Michaud tendría con él a lo largo de los primeros años de la década de los 80)

Bundy compagina su vida universitaria con robos en casa y comercios, algo que ya hacía desde niño, pero en enero de 1974 irá un paso más allá y se estrenará como agresor sexual con un intento de asesinato: su víctima se llamaba Joni Lenz y era una universitaria de 18 que descansaba en su cuarto cuando Bundy entró, la golpeó y la violó con la pata de una cama, dejándola malherida y, posiblemente pensando que la había matado. La encontraron al día siguiente y pudo sobrevivir pero con daño cerebral permanente.

A finales de enero de 1974 desaparece la que es considerada su primera víctima (mortal): Lynda Ann Healy, una joven universitaria. Dos universitarias en apenas tres semanas de diferencia. Os lo creáis o no, a nadie se le ocurrió que pudiera haber una relación entre estos dos casos.

 En los cinco meses siguientes, otras cinco jóvenes más desaparecerían en Seattle: todas universitarias, jóvenes, con pelo largo y un significativo parecido entre ellas. Entre la desaparición de una y otra pasaban entre 23 o 36 días, era un patrón que se repetía. Se piensa en un primer momento en algún tipo de secta o culto satánico, pero pronto se abandona la idea: la policía carecía de pistas y no había ningún sospechoso. Y de quien menos parecía sospecharse era de Ted Bundy, que por entonces trabaja colaborando para la Comisión de Prevención de delitos de Seattle, una comisión creada y enfocada especialmente a la prevención de crímenes de naturaleza sexual en la que se establecieron pautas y propuestas para garantizar la seguridad de las jóvenes de Seattle. Bundy, el culpable de todas esas desapariciones, elaborando informes para la prevención de delitos sexuales. Esto le permite a Bundy acceder a estadísticas, a la información manejada por la policía, a los protocolos y modos de actuación de los investigadores. Y le permite comprobar la ausencia de comunicación y cooperación entre jurisdicciones, algo que posteriormente le serviría para cometer sus crímenes en otros estados.

Durante este tiempo, Ted rehace su vida sentimental con una mujer llamada Elizabeth Kloepfer, madre de una niña. Y todo parece ir bien. Sin embargo, no tardan en producirse nuevas desapariciones: en agosto de 1974 dos jóvenes más desaparecen en el parque estatal del Lago Samamamish, en Whashington, llegando así a un total de ocho mujeres desaparecidas en Seattle. Pero esta vez había una pista, varios testigos habían visto a un hombre que dijo llamarse Ted e iba escayolado pedir ayuda a varias mujeres para transportar algo hasta su coche: un escarabajo color marrón. Gracias a la descripción dada por los testigos se consigue realizar el primer retrato robot del sospechoso. Como podéis ver en la foto el parecido con Bundy era nulo.

Con estas pistas: el retrato robot, un nombre (Ted) y un modelo de coche los investigadores tenían que trabajar y buscar al sospechoso. Sólo en el Estado de Whashington había 42.000 vehículos que coincidían con el modelo descrito por el testigo. Y en cuanto al nombre… ¿Cuántos Ted o Theodor podría haber en el Estado de Whashington? Los investigadores empezaron a trabajar con una lista de 1000 personas con ese nombre, buscando entre personas con antecedentes por violencia, agresión, ex convictos…

En el transcurso de la investigación una llamada en concreto va a llamar la atención: se trata de Elizabeth Kloepfer, pareja de Ted Bundy, que alerta de que su novio puede ser la persona que están buscando: había encontrado una bolsa con ropa interior de mujer, varias llaves de casas en un cuenco, vendas, un cuchillo bajo el asiento de su vehículo y estaba ausente la noche en que una de las víctimas (Brenda Ball) desapareció. Se reúnen con ella, que confiesa que son esas pequeñas coincidencias las que le han hecho pensar en él como posible sospechoso, pero que jamás en su comportamiento ha notado nada extraño y que es una persona incapaz de hacer daño.

La llamada de Elizabeth no fue la única, se recibían cientos de llamadas y no pocas eran de mujeres que señalaban a sus parejas como posibles sospechosos. Pero el testimonio de Elizabeth pone en alerta a los investigadores, que muestran una foto de Ted Bundy a los ocho testigos del lago Sammamish. Sin embargo 7 de los 8 testigos declararon que no se parecía al sujeto que habían visto (era un genio del disfraz).

Sin una identificación positiva, sin huellas, sin testigos, los investigadores no tenían absolutamente nada para acusar a Ted Bundy y se llega a un parón en la investigación. No hay sospechoso y las desapariciones cesan. Y no es que Bundy se haya retirado, todo lo contario: ya no está en el estado de Washington: en septiembre de 1974 se muda a Utah  para proseguir con sus estudios de Derecho. Allí crea nuevas amistades y sigue proyectando su imagen de joven apuesto, seguro y con un futuro prometedor, una imagen muy trabajada.  

Bundy no tarda en volver a actuar: en octubre asesina a Melisa Smith, cuyo cuerpo aparecería 9 días después.

Y llegamos a una fecha clave: el 8 de noviembre de 1974. Carol Daronch, una joven de 18 años, decide pasear por un centro comercial. Al rato, Ted Bundy se le aparece, haciéndose pasar por policía. Le indica que alguien ha intentado entrar a robar en su coche y le pide que compruebe si le falta alguna pertenencia. A pesar de que la joven no nota nada en falta Ted Bundy le informa de que hay un joven sospechoso detenido y le pide que acuda con él a comisaría para identificarlo.

Nada en él parecía raro, pero por prudencia Carol le pide que se identifique. Bundy saca la placa y se dirigen al escarabajo para ir a comisaría. Pero durante el trayecto, y por el recorrido que estaban realizando, Carol se alarma y pide que la deje bajar del coche. Bundy la esposa, saca un arma y la amenaza. La joven consigue salir del coche y, a pesar de ser agredida con una palanca, consigue escapar y acercarse a la carretera, donde para al primer coche que pasa para pedir ayuda. 

Frustrado, Bundy busca otra víctima. 4 horas después de haber intentado asesinar a Carol, desaparece otra joven: Debra Kent. Sólo se encontraron en la escena las llaves de unas esposas que coincidían con las que Carol Daronch llevaba aún puestas. La policía confirma que se trata del mismo agresor pero siguen sin dar con él.

Nos adelantamos un poco en el tiempo y nos vamos a principios de marzo de 1975: aparecen en la Montaña Taylor, en Whashington los cuerpos de seis de las mujeres desaparecidas. Las autoridades confirman que se trata del mismo agresor y que están ante un asesino en serie.

Como habíamos mencionado antes los estados no compartían datos e informaciones sobre sus casos. Algo que Ted había descubierto tiempo atrás y que le permitió continuar con sus crímenes, esta vez en el estado de Colorado, donde, en un corto periodo de tiempo, acaba con la vida de tres jóvenes: Caryn, Julie y Denisse

Y llegamos a otra fecha clave: agosto de 1975, fecha en la que Ted Bundy va a ser detenido. ¿La razón? Circulaba sin luces y no paró ante la orden del policía de Salt Lake de detener el vehículo. Cuando examinaron su coche y vieron las medias, las esposas, la palanca… saltaron las alarmas: además el rostro y el coche de Bundy coincidían con la descripción dada por Carol Daronch.

Bundy llama a su amigo y abogado Bruce Lubeck, que lo consideraba un buen amigo, un hombre encantador, prometedor “era uno de nosotros”. Pero pronto le cambiará la cara cuando es llamado por el FBI para informarle de todos los cargos a los que se enfrentaría Ted Bundy. Y es que al fin, los estados se habían reunido en Aspen, Colorado, para comparar casos y vieron patrones comunes entre las víctimas, lo que les llevó a pensar en un único sospechoso: Bundy.

En febrero de 1976, se celebra el primer juicio contra Ted Bundy, con un cargo agresión e intento de secuestro de Carol Daronch. En el juicio, celebrado sin jurado, aparecen testimonios de personas cercanas: amigos, familia, que lo definen como una buena persona, un buen estudiante, alguien cercano y amable incapaz de dañar a nadie. Es declarado culpable y se establece que sea evaluado por un psicólogo durante 90 días. Durante las diferentes sesiones, el psicólogo va descubriendo el “lado oscuro” de Ted y determina en su informe que tiene un lado violento y que volverá a repetir sus crímenes en caso de estar en libertad.

Un detalle curioso, que después formaría parte de uno de los rasgos distintivos usados por los encargados de hacer perfiles psicológicos del FBI, es la infancia de Bundy. Pese que éste la definía como una infancia feliz, lo cierto es que había algunos detalles preocupantes: en primer lugar, y algo que supuso un duro golpe para él, fue descubrir con 14 años su partida de nacimiento en el que figuraba “padre desconocido”. Ted Bundy fue criado por sus abuelos y la que creía su hermana, resultó ser su madre. Las charlas también revelaban que el abuelo materno tenía un lado violento y que Ted pudo haber sido víctima de abusos psicológicos y/o físicos.

Estamos en noviembre de 1976 y Bundy permanece en la cárcel de Aspen a la espera de juicio, esta vez por asesinato en primer grado. Quienes lo conocen manifiestan que cambia de actitud, lo notan más enfadado, descontrolado y se comporta de una forma egocéntrica e impaciente. Un hecho lo atormentaba: por aquella época sus compañeros de la facultad de derecho se graduaban.

La vista preliminar se celebraría el 7 de junio de 1976. Mientras prepara su defensa en una sala, Bundy salta por una ventana abierta y huye hacia las montañas. Se produce un auténtico escándalo y se habla de una gran irresponsabilidad por parte de las autoridades por qué no estaba esposado, ni encadenado? ¿Cómo era posible que un sospechoso de asesinato en primer grado estuviese sin vigilancia? Nadie sabía responder a esto. Y aquí, quizás fuese determinante su apariencia serena, su buena presencia, su carácter para que no se tomasen las necesarias medidas de precaución.

Después de una semana desaparecido y buscado intensamente por el FBI es encontrado y regresa a prisión. A los delitos que se le imputan se le añaden cargos por fuga. No sería su única performance escapista: la Nochevieja de 1977 aprovecha para escaparse por un conducto de ventilación (había adelgazado para poder deslizarse por él), llegar al cuarto de los guardias, disfrazarse y salir por la puerta principal.

De nuevo, Bundy se convierte en una de las diez personas más buscadas por el FBI en los EEUU. Esta vez de dirige al estado de Florida, donde roba un vehículo, varias tarjetas de crédito y adquiere una identidad falsa. No tardaría en actuar de nuevo y a mediados del mes de enero de 1978 mata a dos estudiantes de la residencia universitaria Chi Omega, dejando a otras dos gravemente heridas.

Pero esta vez no se detiene y, a unas pocas manzanas de la escena del crimen ataca en su vivienda a Cheryl Thomas, que sobrevive de milagro. Cada día que pasa es un peligro para cualquier joven de Florida porque cada vez está más descontrolado y actúa impulsivamente.

El 9 de febrero desaparece la pequeña Kim Leach, de 12 años. El culpable de su asesinato, como más tarde se sabría, era, como no, Ted Bundy.

Y nos vamos a Pensacola, Florida, donde un joven atractivo es detenido por la posesión de 21 tarjetas de crédito robadas, la posesión de matrículas falsas, el robo de un coche y agresión a un policía. Dice llamarse Ken Misner, pero tras comprobar su documentación descubren que se trata de una falsa identidad. Si no se llama Ken Misner… ¿Quién es y por qué se niega a identificarse? Los medios pronto identifican como “Mr. Mistery” a ese joven con barba y de ojos azules. Al negarse a identificarse no es posible establecer una fianza y, finalmente, tras acordar una llamada telefónica a su pareja, se identifica. Era, como no, Ted Bundy.

En abril de 1978 es formalmente acusado de los asesinatos de la residencia Chi Omega. El veredicto? Culpable de dos asesinatos en primer grado, dos robos y tres intentos de asesinatos. La condena? La silla eléctrica.

Pese a estar ya en la cárcel y condenado a muerte en 1980 se produce otro juicio contra Bundy en el que éste va a ejercer su propia defensa. Esta vez por el asesinato de Kim Leach. El veredicto: culpable. En este veredicto jugó un papel esencial una prueba forense: en el cuerpo de la pequeña Kim Leach había marcas de mordeduras, que fueron cotejadas con un molde de la boca de Bundy: las coincidencias no dejaban lugar a dudas: era la primera vez que una prueba forense así se utilizaba en el juicio.

Pero Ted mantendría su inocencia hasta el final. Durante los casi 10 años que transcurrieron desde su sentencia hasta la muerte siguió alimentando el interés de la prensa. No sólo era protagonista de noticias, si no que su caso inspiró varios libros y películas. Durante esta década usó todo tipo de tretas para librarse de su pena y prolongar su vida lo máximo posible. Una de sus abogadas defensoras, firme opositora de la pena de muerte, intenta demostrar que Bundy no estaba capacitado para ejercer su defensa y que padecía una enfermedad mental. La doctora Dorothy Lowis lo diagnostica como maniaco depresivo, como un enfermo incapaz de sentir empatía o amor, pero estas tácticas sólo consiguen prórrogas temporales.

El día 24 de enero de 1989 llega la hora de la ejecución. El día anterior confesó por fin ser el autor del asesinato de más de 30 mujeres. No había arrepentimiento en sus palabras: su confesión era un intento desesperado de ganar más tiempo y posponer su inminente muerte. De nada sirvió. Al día siguiente moría en la silla eléctrica mientras cientos de personas celebraban la ejecución del que quizás sea el asesino en serie más famoso de la historia de los EEUU.

Y hasta aquí el hilo de hoy. Espero que os haya gustado. Además de la serie documental “Las cintas de Ted Bundy” (si lo veis no os sorprendáis si os causa fascinación, tenía una personalidad fascinante, un manipulador de 10) he usado la siguiente bibliografía:

https://www.muyinteresante.com.mx/sociedad/ted-bundy-historia-perfil-y-victimas-del-asesino-serial-estadounidense/

Publicado por veganibalecter

Como perder el tiempo en twitter no me parecía suficiente...decidí abrirme este blog. Aquí encontraréis (en otro formato) mis hilos sobre cine, historia, literatura, sociología...

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