OPERACIÓN BERNHARD: LA MAYOR OPERACIÓN DE FALSIFICACIÓN DE MONEDA DE LA HISTORIA

La operación Bernhard es considerada la mayor falsificación de moneda de toda la historia y se produjo durante la Segunda Guerra Mundial. En 1942 Alemania se ahogaba económica y militarmente: las campañas en el norte de África y Rusia diezmaban sus hombres y sus recursos. Era imposible invadir Reino Unido o EEUU así que los nazis optaron por otro tipo de arma: la inflación.

La idea surgió de Reinhard Heydrich, un oficial de infantería de las SS, que trazó un plan tenía como objetivo hacer entrar en circulación millones de libras esterlinas falsas que provocarían una inflación que devaluaría la libra y destrozaría la economía británica.

Se dice que esta operación era una venganza por los miles y miles da vales de gasolina falsificado que los británicos habían arrojado desde sus aviones sobre territorio alemán. No implicaba el uso de armas pero era potencialmente peligrosa y destructiva y la idea conquistó a Himmler y tuvo el visto bueno de Hitler.

En un primer momento se denominó “Operación Andreas” en referencia a la cruz de San Andrés que aparece en la bandera de Reino Unido. Todo se pondría en marcha rápidamente y el primer taller de falsificación dirigido por Alfred Naujocks se instaló en Berlín. La falta de conocimientos y de técnica de Naujocks sólo trajo como resultado la producción de burdas falsificaciones que ocasionaron su despido.

A la marcha de Naujocks había que sumar el asesinato en Praga a mediados de 1942 del ideólogo del plan, Heydrich. Himmler debía buscar un sustituto que liderara el plan y el elegido sería el comandante Bernhard Krüger, de ahí que la operación pasase a la historia como “operación Bernhard”.

Si querían que el plan funcionase debían encontrar a los mayores expertos. Su búsqueda se centró en los campos de concentración, en personas que habían sido procesadas o detenidas por falsificación. Encontraron a un total de 142 expertos en impresión, grabado, fotografía y papel que estaban encerrados en los campos de Auschwitz y Mauthausen.

El taller de falsificación se trasladaría de Berlín al campo de Sachsenhausen donde los prisioneros contarían con la mejor maquinaria y los mejores materiales para realizar las falsificaciones. Tendrían, además, un trato preferente con respecto al resto de prisioneros: eran intocables, estaban protegidos, recibían comida, ropa, zapatos, alimentación y tenían “privilegios” como la radio, sábanas limpias o un colchón donde dormir. Vivían en barracas, separadas del resto de prisioneros y nadie sin autorización podía acceder, el secreto de la operación era máximo.

La clave para lograr la falsificación perfecta estaba en el papel: el grosor, la textura, el gramaje, las marcas de agua…todo tenía que ser extremadamente idéntico para que el plan funcionase y los billetes falsos pasasen inadvertidos.

Tras dos años de intentos fallidos al fin dieron con la fórmula exacta: un papel que provenía de la fábrica fábrica Hahnemühle y la pericia y constancia de los falsificadores fueron la clave para imprimir los primeros 500 billetes que fueron ensuciados y envejecidos y llevados a un banco suizo donde pasaron como billetes auténticos.

El plan había funcionado y el siguiente paso era incrementar la producción: la fábrica de Sachsenhausen se modernizó y comenzó la impresión masiva de billetes de 5, 10, 20 y 50 libras. Allí un grupo de expertos se encargaba de valorar la calidad de las falsificaciones en una escala que iba del 1 al 5, siendo el 1 la falsificación perfecta.

Un millón de billetes falsos salían cada mes rumbo a Inglaterra, Suiza y otros países europeos que financiaron el pago de importaciones, el sueldo de espías alemanes, compras de oro, armas y todo tipo de materias primas.

En total se fabricaron 9 millones de billetes por un valor de casi 135 millones de libras esterlinas: el volumen de billetes falsos era tal que suponían el 15% de los billetes en circulación.

No es hasta finales de 1944 cuando un empleado del Banco de Inglaterra da la voz de alarma al detectar dos billetes con la misma numeración y número de serie. Se había descubierto la operación pero las autoridades británicas se encontraban ante un dilema: dejar circular esos billetes aumentaría la inflación y supondría un descalabro económico pero, por otro lado, si se descubría la falsificación la reputación financiera de Gran Bretaña quedaría en entredicho y podía desatar el pánico en los mercados internacionales. Finalmente Churchill decide que los billetes falsos sigan circulando y declara el asunto secreto de estado.

La falsificación de la libra había sido un éxito y Krüger se planteó un nuevo objetivo: la falsificación del dólar. No era una tarea sencilla: el dólar tenía un tacto especial y era muy complicado encontrar la forma de lograr una falsificación.

Aquellos hombres sabían que la diferencia entre ellos y los miles y miles de prisioneros que morían cada día estaba en su talento: el Tercer Reich los necesitaba y esa era la única razón por la que seguían con vida pero también sabían que lograr una falsificación perfecta podría implicar que Alemania ganase la guerra.

Tras muchos retrasos y boicots, el 22 de febrero de 1945 logran falsificar a la perfección el billete de 100 dólares. Pero Alemania estaba ya muy debilitada, los soviéticos avanzaban imparables por el este mientras que los aliados atacaban por el oeste.

En marzo se ordena detener la producción de billetes falsos y destruir las instalaciones.  Los presos son trasladados primero a Redl-Zip, Austria y posteriormente, a principios de mayo, al campo de Ebensee.

Su destino era ser ejecutados todos a la vez. El camión que los transportaba tuvo que hacer tres viajes y en el último trayecto el camión se averió. Los dos primeros grupos habían llegado pero se revelaron ante el inminente final y lograron que los guardias que los custodiaban huyesen. El tercer grupo llegó caminando hasta Ebensee y una vez allí todos se dispersaron entre el resto de prisioneros. Poco después el ejército estadounidense liberó el campo de concentración de Ebensee. Eran libres y podían contarlo: así lo hizo uno de ellos, Adolf Burger, cuando narró su historia en el libro titulado “The Devil’s workshop”

Quizás os estéis preguntando qué fue del dinero. Una parte importante fue destruido, otra parte se lo llevó Krüger pero los rumores que decían que millones de libras esterlinas habían sido arrojadas en el lago Toplitz (Austria). Los rumores eran imparables y varias expediciones acudieron a la caza del tesoro, sacando cajas y cajas con millones de billetes falsos y planchas de impresión. Era tanta la afluencia de cazatesoros que el gobierno austríaco prohibió la exploración submarina en el lago Toplitz en 1963.

Y hasta aquí el hilo de hoy. Espero que os haya gustado.

Os dejo por aquí un documental que cuenta la historia:

Os dejo por aquí el documental: https://www.youtube.com/watch?v=3sxucbONEJY

También hay una película muy buena de 2008 que se llama “Los falsificadores” que narra esta historia.

Os dejo por aquí también la bibliografía empleada, donde podéis ampliar la información:

Y también la entrada en mi blog:

Publicado por veganibalecter

Como perder el tiempo en twitter no me parecía suficiente...decidí abrirme este blog. Aquí encontraréis (en otro formato) mis hilos sobre cine, historia, literatura, sociología...

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