ASESINOS EN SERIE: ED KEMPER

Vamos hoy con un clásico: Edmund Kemper también conocido como “el asesino de colegialas”, “el gigante de Santa Cruz” o “el cazador de cabezas”. Es uno de los asesinos en serie más conocidos y su nombre volvió a coger popularidad gracias a la serie Mindhunter. Y, a pesar de que muchos ya lo conocéis, creo que su historia os interesará. Vamos allá

Edmund Emil Kemper III vino al mundo un 18 de diciembre de 1948 en Burbank, una población de California y como siempre pasa con los asesinos en serie nos tenemos que fijar en sus primeros años de vida, porque como ya os he dicho hay determinados factores que son comunes a todos ellos. En el caso de Ed nos vamos a encontrar con un padre ausente (abandonaría a la familia y empezaría una nueva vida en Los Ángeles) y una madre tremendamente dominante, una maltratadora psicológica que probablemente tenía trastorno límite de la personalidad y que hizo de la vida de Edmund un auténtico infierno. Clarnell, obsesionada con el pecado y con que Ed pudiese violar a sus hermanas lo obligaba a dormir en el sótano, lo humillaba y lo maltrataba continuamente. Como curiosidad os diré que el mítico episodio de los Simpson en el que Bart tiene un hermano gemelo malvado que vive en el sótano y se alimenta de cabezas de pescado es un “guiño” a la infancia de Ed Kemper.

Ya de niño fue mostrando una tendencia al sadismo que ya se ha observado en otros asesinos en serie. Le gustaba pasar el tiempo con sus hermanas con juegos macabros, como escenificar sus muertes en la silla eléctrica, jugar a estar encerrados en una cámara de gas o cortándoles la cabeza y las manos a las muñecas de su hermana Ally.  Y como es habitual en este tipo de casos también encontramos otro elemento clave: la crueldad con los animales. Cuando tenía 9 años, Edmund enterró vivo al gato de la familia y posteriormente lo desenterró para decapitarlo y clavar su cabeza en un palo.

Cuando llegó a la adolescencia, se fue a vivir con su padre pero éste pronto se desentendió de él y lo mandó a vivir con sus abuelos. Mala decisión porque el 27 de agosto de 1964, cuando tan sólo tenía 15 años, los mató a tiros tras una discusión con su abuela. Cuando las autoridades se presentaron en el rancho familiar para detenerlo confesó que “tenía curiosidad por saber qué se sentía al matar a su abuela”.

Tras el examen psicológico al que fue sometido, Ed fue diagnosticado de esquizofrenia paranoide y trasladado a un hospital del estado situado en la ciudad de Atascadero, un centro “especializado” en agresores sexuales donde no tardaría en destacar y no precisamente por un mal comportamiento. Os cuento. Resulta que Edmund (que tenía nada más y nada menos que un CI de 145) entabló muy buena relación con el psicólogo del centro, se ganó su confianza y se convirtió en su asistente. Tan buena fue la impresión que Ed causó en los profesionales que pudo salir libre en 1969, cuando cumplió los 21 años.

Salió de una prisión para volver de nuevo al infierno, a casa de su madre, Clarnell, que se había vuelto a casar y a divorciar dos veces más y con la que seguiría teniendo una relación complicada y constantes peleas y discusiones que generaban en Ed un impulso homicida que le costaba contener.

El 7 de mayo de 1972 mataría por tercera vez. En aquella época era muy habitual hacer autostop así que en sus constantes trayectos en su Ford Galaxie 500 encontraba muy fácilmente a sus posibles víctimas. Ese día recoge a Mary Ann Pesce y Anita Luchessa, unas jóvenes de 18 años que necesitaban llegar al campus de la Universidad de Stanford.. Jamás llegaron al campus, Ed decidió tomar otro camino y llevarlas a un lugar apartado, metió a Anita en el maletero y se ocupó de Mary Ann, primero, intentando estrangularla con un cinturón y una bolsa y viendo que no lo conseguía, a puñadas. También sacó a Anita del maletero y acabó con su vida de una forma aún más violenta. Volvió a meterlas en el maletero y regresó a su apartamento, allí fotografió sus cadáveres con una polaroid, las despedazó, violó sus cuerpos y sus cabezas y envolvió los restos en unas mantas. Los cuerpos los enterró en una de las montañas de Santa Cruz pero decidió quedarse con sus cabezas, por una parte para evitar que identificaran los cuerpos pero también como trofeo. Con Mary Ann afirmó tener un vínculo especial post mortem, llegando a confesar que la amaba y la necesitaba e incluso visitando su tumba en varias ocasiones.

Este asesinato no había sido un arrebato. Kemper conocía perfectamente todas las carreteras secundarias, llevaba su vehículo preparado con cuchillos, un arma, mantas, bolsas…Tenía además una tarjeta de aparcamiento de la Universidad de California así que se familiarizó con sus posibles víctimas. Afirmó que entre 1970 y 1971 subió a su coche a más de 150 autoestopistas: había perfeccionado el mejor modo de dirigirse a ellos, de ganarse su confianza, de parecer amable, de no asustarlas, las analizaba.

Durante cuatro meses Ed no volvió a matar pero el 14 de septiembre de 1972 vuelve a las andadas: la víctima sería Aiko Koo, una niña de 15 años que recogió cuando iba de camino a su clases de baile en San Francisco (a donde Kemper se había mudado tras conseguir un trabajo como guardavías). Después de desviarse a una carretera secundaria, apunto a la joven con una pistola, afirmando que no quería hacerle daño, que sólo quería hablar con alguien antes de quitarse la vida. La ató, la amordazó, la dejó inconsciente, la violó en repetidas ocasiones y finalmente la estranguló. Envolvió su cadáver con una manta y la metió en el maletero y la llevó a su apartamento. Allí la despedazó y posteriormente esparció sus restos por las montañas de Santa Cruz. Todo menos la cabeza, con la que se quedó.

Sólo dos días después de este asesinato, Ed tenía una cita importante: tenía que reunirse con los psiquiatras que valorarían su estado y decidirían si era conveniente eliminar de su historial sus antecedentes juveniles. Ed pasó la prueba y con toda la sangre fría del mundo, mientras la cabeza de Aikoo se encontraba en su maletero, consiguió el visto bueno de los profesionales y sus antecedentes fueron borrados.

Era oficialmente un hombre limpio de cargos y podría empezar de cero, salvo por un detalle: el accidente que había tenido en un brazo un tiempo atrás lo había dejado sin trabajo y, por tanto, sin dinero por lo que tuvo que volver a casa de Clarnell, donde las discusiones serían una constante.

Para distraerse, Ed solía acudir a beber a un bar o salía a conducir dando vueltas por la carretera de Santa Cruz. Y, de nuevo, volvería a asesinar. Estamos en enero de 1973 y nos encontramos a un Ed muy contento con una nueva adquisición: una Rutgers automática del 22 con un cañón de quince centímetros. Deseoso de estrenarla, salió a merodear con su coche por el campus de la Universidad de California en Santa Cruz. Llovía y las posibilidades de encontrar una víctima que quisiera cobijarse de la lluvia eran altas. Y así fue cómo se topó con Cynthia Schall, que volvía a casa después de acabar su trabajo como canguro. Como siempre hacía cuando recogía a sus víctimas se desvió, aparcó el coche y acabó con su vida de un disparo. Llevó su cuerpo a casa de su madre y allí lo escondió hasta la mañana siguiente. Cuando su madre se marchó a trabajar, lo violó y la despedazó, quedándose con su cabeza. El resto del cuerpo lo esparció cerca de un acantilado.

Los restos serían encontrados y la víctima identificada. Ed, asustado, quemó la cabeza de Cynthia en el jardín de casa de su madre.

Cerca de donde se encontró el cadáver de Cynthia apareció el cuerpo de otra chica: Mary Guilfoyle que había desaparecido el 24 de octubre de 1972, cuando se subió al coche de un desconocido. Muy cerca aparecerían los restos de Aiko Koo.

El 5 de febrero de 1973, tras una discusión con su madre, Ed sale enfurecido de casa y vuelve a la caza. Su víctima sería Rosalind Thorpe, otra estudiante que se encontraba en el campus. Como Ed tenía una tarjeta de aparcamiento de la universidad, Rosalind creyó que se trataba de un estudiante y no dudó en subir a su coche. De camino se toparon con otra chica, que también subió al vehículo, era una joven china de 21 años llamada Alice Liu. Las mató a disparos y las metió en el maletero. Volvió a casa y como siempre llevaba ropa oscura cuando salía a cazar (para disimular las manchas de sangre) nada llamó la atención de su madre. A la mañana siguiente, les cortó las cabezas y las manos. Esta vez no despedazó los cuerpos y optó por abandonarlos en otro lugar, rumbo a San Francisco, donde los arrojó a un acantilado.

Serían encontradas dos semanas después. Sabía que había ido demasiado lejos y que había sido imprudente. Llevaba a sus espaldas ocho víctimas y debía parar pero tenía aún una cuenta pendiente: Clarnell.

Estamos en abril de 1973. Ed espera a que Clarnell se quede dormida y entra en su cuarto: la golpea repetidamente con un martillo, la degolló y, como siempre hacía, la decapitó y violó su cabeza. Luego la colocó sobre una estantería y se pasó una hora chillándole. Parecía que todo había acabado pero no se detuvo ahí: en cuanto descubrieran el cuerpo de Clarnell todo apuntaría a él, así que decide matar a una amiga de la madre, con la esperanza de que aquellos asesinatos pudieran apuntar a otro sospechoso. Cogió la agenda de Clarnell y allí encontró el contacto de su siguiente víctima: Sally Hallett e intentó contactar con ella: no respondía. La suerte para Sally duró bien poco pues poco después se presenta en el domicilio para preguntar por Clarnell. Eran las cinco y media de la tarde y Ed tenía mucho que limpiar. Le comenta que está preparando una cena especial para su madre y la invita a volver a las siete y media. Cuando llegó la invitada, Ed la hizo pasar, la golpeó, le rompió la tráquea y la estranguló con una cuerda.

Y así, como si nada, con diez asesinatos a sus espaldas, se dirigió al Jury Room, el bar que frecuentaba. Ninguno de los policías que allí estaban sospechó nada. Ed se fue a casa, le cortó la cabeza a Sally y se puso a dormir.

Decidió dejar una nota confesando los crímenes y, una vez metió el cuerpo de Sally en el maletero, comenzó a conducir rumbo a Colorado. Finalmente llamó a las autoridades confesando sus asesinatos. Al fin habían dado con el asesino de colegialas: era el 23 de abril de 1973.

Una vez detenido relató con todo lujo de detalles cada uno de sus asesinatos. Haría lo mismo en el juicio, causando desesperación e incluso desmayos entre los familiares de las víctimas. El 8 de noviembre de 1973 fue condenado a cadena perpetua (él mismo solicitó la pena capital) y actualmente continúa cumpliendo su condena en la Prisión Estatal de Vacaville.

Y hasta aquí el hilo de hoy. Hay varios documentales y entrevistas suyas en Youtube y, si aún os queda cuerpo para verlo…os lo recomiendo. Es tan aterrador como fascinante.

 Os dejo la bibliografía:

Imprescindible escuchar el especial que le dedicó Cebrián en la sección de psicokillers de La  Rosa de los vientos:

Publicado por veganibalecter

Como perder el tiempo en twitter no me parecía suficiente...decidí abrirme este blog. Aquí encontraréis (en otro formato) mis hilos sobre cine, historia, literatura, sociología...

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