ASESINOS EN SERIE: UNABOMBER

16 bombas, 3 muertos, 28 heridos, 18 años de búsqueda en la que es la mayor persecución de la historia del FBI, que costó más de 80 millones de dólares y en la que trabajaron más de cien agentes. Son las cifras del caso UNABOMBER.

Hoy os cuento la historia de un asesino en serie peculiar, uno de los más famosos e icónicos de EEUU: la historia de Ted Kaczynski, más conocido como el UNABOMBER. Vamos allá.

A finales de mayo de 1978 una mujer encuentra en el parking de la Universidad de Illinois (Chigaco) un paquete que acaba explotando en las manos de un vigilante de seguridad del campus. Casi un año después, el 25 de mayo de 1979, otro pequeño dispositivo, escondido en lo que parecía una simple caja de puros, explota en la Universidad de Northwestern (Illinois), dejando herido a un estudiante. Dos ataques similares, con artefactos explosivos muy rudimentarios, que no llamaron la atención de los investigadores.

El 15 de noviembre de 1979, los más de cien pasajeros del vuelo 449 que viajaban en un Boeing 727 rumbo a Chicago serían las víctimas de la tercera bomba: un artefacto aún más potente comenzaba a arder y a llenar el compartimento de humo: el avión tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en Virginia: nadie falleció pero una docena de pasajeros tuvieron que ser trasladados a un hospital cercano debido a la inhalación de humo. El dispositivo era una bomba casera que alguien había enviado por correo desde Chicago y que viajaba en el compartimento de carga del avión: debido a un sellado deficiente no explotó evitando así la muerte de todo el pasaje. Esta vez el terrorista había conseguido llamar la atención del FBI, que relacionó este acontecimiento con las dos explosiones anteriores: todas eran bombas caseras, muy rudimentarias, fabricadas con elementos comunes (tornillos, cables de lámparas, baterías de linternas, clavijas de madera…) y con una característica peculiar: las tres venían en una caja de madera. No había lugar a dudas, las tres bombas habían sido elaboradas por la misma persona: estaban ante un asesino en serie muy poco común y muy inteligente: pese a que las bombas eran rudimentarias los componentes habían sido raspados para eliminar cualquier tipo de huella o marca reconocible y otros habían sido hechos a mano.

El 10 de junio de 1980 Pearce Wood recibe en su domicilio un paquete con un libro titulado “Hermanos del hielo”, la bomba que se alojaba en el paquete explota nada más abrirlo: de nuevo elementos rudimentarios y de nuevo la presencia de madera en el artefacto. Wood queda gravemente herido y al examinar el artefacto explosivo los investigadores se encuentran con una placa metálica con las iniciales “FC” grabadas: este sería el sello personal que el terrorista utilizaría a partir de entonces.

Wood era presidente de la United Airlines y había despedido a miles de empleados por lo que en un primer momento se sospecha que el autor podría haber sido uno de sus ex empleados, pero la hipótesis pronto se descarta al ver las similitudes con las tres bombas anteriores.

4 BOMbas: dos en UNiversidades y 2 que tenían como objetivo la industria Aeronáutica determinaron el nombre del caso: CASO UNABOMB. Con tan pocas pruebas y con multitud de pruebas falsas colocadas intencionadamente en los artefactos el FBI traza el perfil psicológico del UNABOMBER:

  • Joven de entre 18 y 25 años
  • Estudiante universitario
  • De media-alta
  • Y con conocimientos de física e ingeniería.

Como podéis imaginar los que conozcáis el caso: no dieron ni una. Quién era y qué buscaba con sus bombas era dos preguntas clave que los agentes del FBI no fueron capaces de responder en su momento: era enigmático, era inteligente, escurridizo y durante muchos años estuvieron dando palos de ciego.

Entre 1981 y 1985 el UNABOMBER seguiría sembrando el pánico con cuatro bombas más: una en la facultad de empresariales de la Universidad de Utah, otra en la Universidad de Vanderbilt (Nashville), otra en el Campus de Berkeley, donde un profesor de electrónica resultaría gravemente herido y otra en la Universidad de Michigan: aunque las bombas eran cada vez más potentes y sofisticadas no hubo que lamentar muertos. Su novena bomba iría destinada a la fábrica de Boeing del estado de Washington: un empleado sospecha y da el aviso: los artificieros tardarían seis horas en explotarla de forma controlada.  Esta vez había habido suerte pero con unos artefactos cada vez más elaborados y con mayor potencia el peligro de que alguna de las víctimas falleciese era inminente. Y así pasó. Nos vamos al 11 de diciembre de 1985, a un parking de un almacén de ordenadores de la ciudad de California, donde el encargado encuentra un paquete sospechoso: al acercarse y levantarlo, la bomba explotó y  el hombre falleció en el acto. Se llamaba Hugh Scrutton y tenía 38 años. Es la primera víctima moral de Unabomber. Esta vez el FBI habilitó también un número 800 (un número gratuito) al que cualquier ciudadano con alguna información o pista valiosa podía dirigirse. La recompensa era de 25.000 dólares.

El siguiente ataque del Unabomber tendría también como objetivo un almacén de ordenadores: esta vez en Salt Lake City, un 20 de febrero de 1987. El encargado del almacén resultó gravemente herido pero no hubo que lamentar víctimas mortales. Pero esta vez el FBI tenía algo: una empleada del almacén había visto al sospechoso y proporcionó a los investigadores una descripción que permitió realizar el primer retrato robot del UNABOMBER, que se difundió por todos los medios de comunicación, en todas las oficinas de correos y se ofreció una suculenta recompensa de un millón de dólares. Se siguen recibiendo cientos y cientos de llamadas pero ninguna de ellas conducía a ninguna parte.

Durante los seis años siguientes el Unabomber no volvió a actuar. Ninguna amenaza, ninguna bomba…nada. Muchos de los investigadores creyeron que había muerto o enfermado, otros consideraron que se había cansado de su actividad terrorista (al fin y al cabo, lo habitual en los asesinos en serie es que su vida criminal sea muy corta). El grupo especial que llevaba el caso UNABOMB fue temporalmente disuelto pero el agente John Conway jamás dudó de que volvería a actuar. Y así fue.

El 22 de junio de 1993 el Unabomber volvía a la carga, actuando de nuevo en una universidad: esta vez la Universidad de California donde un genetista resultó herido. Dos días después explotaba otra bomba en la Universidad de Yale, hiriendo gravemente a un programador informático.

El 10 de diciembre de 1994 el Unabomber se cobraría su segunda víctima mortal: Thomas Mosser, que moriría en el acto tras recibir un paquete bomba en su domicilio. Mosser era directivo de la agencia de publicidad Burson Marsteller y tenía 50 años.

Su tercera víctima mortal llegaría unos meses más tarde, el 24 de abril de 1995: se trataba del presidente de la Sociedad Forestal de California: su nombre era Gilbert P. Murray y murió por las graves heridas que le ocasionó la explosión.

16 bombas, 3 víctimas mortales y miedo, mucho miedo entre la población estadounidense que temía poder ser víctima de uno de los ataques del Unabomber: existía autentico pavor en aeropuertos, universidades, vecindarios…

El 26 de abril de 1995 el Unabomber contacta con los medios de comunicación: el New York Times y el Washington Post reciben un extenso documento de 56 páginas denominado “Manifiesto Unabomber” acompañado de una nota del Freedom Club en el que se comprometen a cesar sus ataques si el manifiesto, titulado “La sociedad industrial y su futuro” es publicado: el plazo que tiene el FBI para decidir termina el 1 de octubre.

Ceder ante las exigencias de un terrorista era peligroso pero lo era más aún arriesgar la vida de más personas así que el manifiesto es publicado el 19 de septiembre de 1995 en los medios de comunicación y sus escritos son leídos por millones de personas: no pocas comulgan con sus ideas y acaban considerando a su autor un genio. Al publicar el manifiesto, el FBI espera que alguien reconozca en esas palabras al Unabomber y se ponga en contacto con las autoridades: se recibieron cientos, miles de llamadas de ciudadanos de todo el país que afirmaban que sus parejas, vecinos, amigos o compañeros de trabajo podían ser el Unabomber pero de nuevo el FBI estaba sin ninguna pista fiable.

Linda Patrick, una profesora de filosofía del Union College, después de leer detenidamente todo el documento, comentó alarmada a su marido, David Kaczynsky, que sospechaba que su hermano Ted podría ser el Unabomber. David, incrédulo, estaba deseoso de demostrarle a Linda que se equivocaba: Juntos leyeron detenidamente el manifiesto y lo compararon con las cartas que Ted había enviado en los últimos años: el tono airado y muchas de las ideas coincidían pero había dos expresiones que Ted había usado en sus cartas que se habían plasmado también en el manifiesto Unabomber: “lógico sereno” y “no te puedes comer tu tarta y conservarla”, unas frases muy usadas por su hermano Ted.

David y Linda se pusieron en contacto con un investigador privado y con un abogado, haciéndole llegar las cartas que habían recibido en los últimos años y un experto en filología forense confirmó que había muchas posibilidades de que el autor del manifiesto y el autor de las cartas fuesen la misma persona. Con esta información acudieron a las autoridades y dieron un nombre: Ted Kaczynksy, que pasaría a ser el sospechoso número 2416 del FBI. Las pruebas presentadas por David y Linda no llamaron especialmente la atención del FBI por ser consideradas pruebas circunstanciales. Además los expertos no pueden creerse que un hombre que vive en una cabaña sin luz, sin electricidad y sin agua corriente haya podido fabricar sus bombas con tan pocos recursos a su alcance. David Kaczynsky tendría que mostrar al FBI un documento que su hermano había intentado publicar hacía décadas: en ese momento vieron que las similitudes entre ambos escritos eran innegables y se dieron cuenta que era muy probable que Ted Kaczynsky y el unabomber fuesen la misma persona. Le piden a David que señale en un mapa de montana la situación exacta de la cabaña de su hermano Ted.

¿Pero quién era Kaczynski? Antes de seguir con su detención y su juicio, os cuento un poco: Theodore Kaczynski nace en 1942 en Chicago (Illinois) y ya desde niño destaca en sus estudios: era un niño tímido y solitario con unos resultados académicos excelentes: los test de inteligencia a los que fue sometido determinaron que tenía un coeficiente intelectual de 169.

Adelantó varios cursos y con sólo 16 años se matriculó en la Universidad de Harvard. Seguía siendo extraordinariamente retraído y tampoco en la universidad acabó de encajar: había ido a parar a una de las universidades más snobs y elitistas de EEUU y además de ser mucho más joven que sus compañeros tampoco lograba adaptarse: era de orígenes humildes, tenía pocos recursos y poco o nada tenía que ver con el resto de estudiantes que se comportaban con él de una forma cruel, algo que también había vivido en su etapa escolar.

Su trayectoria académica siguió siendo brillante: se graduó en tan solo tres años y finalmente de doctoró en Matemáticas por la Universidad de Michigan con una tesis doctoral titulada “Boundary Functions” en la que resolvía un teorema matemático que había traído de cabeza a muchos estudiosos, incluidos muchos de sus profesores. El tribunal que evaluó su tesis consideró que su trabajo era tan brillante que quizás sólo unas diez o doce personas en todo EEUU serían capaces de apreciar o llegar a comprender lo que Kaczynsky había logrado.

En 1969 obtuvo un trabajo como profesor en la Universidad de Berkeley donde permaneció dos años: seguía siendo distante, muy parco en palabras y reacio a relacionarse con sus compañeros de trabajo. Dos años después, en 1971 lo abandonó todo para instalarse en un pequeña cabaña en Lincoln, Montana, donde viviría cual ermitaño hasta su arresto en 1996. Sin luz, sin agua y con unos gastos anuales que rondaban los 1000 dólares anuales Ted vivía sin llamar mucho la atención entre sus vecinos, que lo veían en contadas ocasiones, bien desplazándose en su bicicleta o comprando víveres un par de veces al mes. La única persona con la que hablaba era la bibliotecaria del pueblo, con quien mantenía una relación cordial y, según su testimonio, conversaciones fluidas sobre todo tipo de temas. Era un tipo solitario, algo excéntrico pero nada hacía sospechar a sus vecinos de que Ted Kaczynsky era el asesino más buscado de la historia del FBI.

Estamos ante un perfil totalmente diferente de asesino en serie: nació y creció en una familia normal, rodeado del cariño y atención de sus padres y de su hermano menor David. No hubo abusos físicos ni sexuales, como hemos visto en la mayoría de infancias de los asesinos en serie. Nada en su infancia ni en su adolescencia se parece en lo más mínimo a lo vivido por otros asesinos en serie como Kemper o Gacy. Ni siquiera su carácter se parece al de la mayoría de asesinos en serie que hemos visto: no era adulador, no era manipulador, no era encantador. En cuanto a sus víctimas: no tenía un perfil, a diferencia de Bundy (chicas jóvenes de pelo largo), Gacy (niños o adolescentes) o Kemper (jóvenes autoestopistas). Es tan peculiar que no encajaba en los patrones que el FBI había elaborado sobre los asesinos en serie. Es más, él creó un nuevo perfil de asesino en serie: “el lobo solitario”

¿Qué hay de curioso entonces en la vida de Ted Kaczynsky? Bueno, hay un hecho en particular que pudo ser el detonante: durante su vida universitaria participó en lo que creía que era un experimento sociológico (ya os he hablado en otras ocasiones de los experimentos sociológicos que se llevaron en EEUU en los años 50, 60 y 70 y lo crueles y traumáticos que resultaron ser). Mientras estudiaba en Harvard, Ted participó con mucha ilusión en un estudio del Dr. Henry Murray. El experimento parecía sencillo: Ted debía realizar un análisis de su visión sobre el mundo y exponerla ante sus compañeros. En realidad, con lo que Ted se encontraría es con un sujeto que lo atacaría psicológicamente de una manera cruel, mientras Murray monitorizaba sus reacciones y sus respuestas emocionales. Por lo que he leído, este experimento formaba parte de la Operación MK Ultra que llevó a cabo la CIA durante los años 60.

Este suceso marcó profundamente a Ted y quizás fue el detonante de todo el odio que después manifestaría contra la psicología, la tecnología, la ciencia y la propia universidad. Y que fue todo ese odio acumulado durante años, unido a una esquizofrenia paranoide lo que lo llevaría a comenzar su carrera como asesino en serie en 1978.

Retomamos y volvemos al 3 de abril de 1996: más de cien agentes del FBI se habían desplegado alrededor de la pequeña cabaña de Ted Kaczynsky en la localidad de Lincoln, Montana: era un momento crucial: no debían llamar su atención ya que podría haber explosivos dentro. Contaron con la colaboración de un agente forestal local que llamó a su puerta y le pidió que saliera y le indicase la ubicación de una propiedad. Fue en ese momento cuando lo detuvieron y toda la prensa del país descubrió el rostro del asesino que los había aterrorizado durante casi 18 años. La imagen de genio que parte de la sociedad estadounidense había construido tras leer su manifiesto se diluía y ante sus ojos se mostraba un hombre sucio, harapiento y con muchas posibilidades de ser un enfermo mental.

En la cabaña los agentes encontraron carpetas con esquemas y dibujos sobre la fabricación de explosivos, una bomba lista para ser enviada, todo tipo de materiales para la fabricación de bombas, otros escritos y, finalmente, tras cuatro días inspeccionando la pequeña cabaña de 9 metros cuadrados encontraron la máquina de escribir con la que Ted podría haber escrito su manifiesto.

Pero demostrar que Kaczynsky era el Unabomber no sería una tarea fácil: no había registros telefónicos, no podían rastrear los pagos efectuados con tarjeta de crédito ya que no tenía ni teléfono ni tarjetas. Examinaron sus movimientos: cada cierto tiempo, Ted se desplazaba en su propia bicicleta al pueblo de Lincoln. Allí cogía un autobús hacia una localidad de Montana, desde donde realizaría los diferentes viajes a las ciudades donde cometió sus asesinatos: después de mucho investigar consiguieron los registros de los hoteles donde se había alojado: las fechas coincidían y en algunos’ de los hoteles lo recordaban.

Esos registros en hoteles, sus manuscritos, la máquina de escribir, una bomba terminada y los productos químicos y elementos necesarios para elaborarlos unidos a los diarios de Ted que se encontraron en la cabaña de Kaczynsky son elementos suficientes para que la fiscalía pida la pena de muerte. Mientras tanto los abogados defensores buscan la forma de evitar que Ted sea condenado a la pena máxima y sólo encuentran una forma de hacerlo: alegar demencia. El día de la apertura del juicio oral, en noviembre de 1996, Kaczynsky se puso en pie y afirmó «No estoy loco y no quiero que mi defensa intente presentarme como un loco». Renunció a sus abogados y decidió ejercer su propia defensa.

El juez determino que Ted debía ser sometido a una evaluación psiquiátrica, que correría a cargo de Sally Johnson: 22 horas de charlas y diferentes pruebas psicológicas sirvieron para determinar que Kaczynsky padecía una esquizofrenia paranoide. Esto lo salvó de la pena de muerte y evitó la celebración del juicio: fue condenado a ocho cadenas perpetuas

Casi 20 años de persecución, más de dos docenas de heridos, tres muertes a sus espaldas, centenares de agentes del FBI y de otras agencias estatales dedicados en cuerpo y alma al caso Unabomber, millones y millones de dólares invertidos en su búsqueda: esta ha sido la historia del Unabomber. Espero que os haya gustado.

Os dejo su ficha criminal

También os enlazo el manifiesto Unabomber: https://essentialinstitute.org/uploads/2_i_3_Theodore_Kaczynski_Manifiesto_de_Unabomber.pdf

Y finalmente, os muestro los tres documentales que me han servido para escribir el hilo:

Publicado por veganibalecter

Como perder el tiempo en twitter no me parecía suficiente...decidí abrirme este blog. Aquí encontraréis (en otro formato) mis hilos sobre cine, historia, literatura, sociología...

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