ASESINOS EN SERIE: RICHARD KUKLINSKI, EL HOMBRE DE HIELO

Richard Leonard Kuklinski, más conocido como Iceman y al que se le atribuyen más de 200 asesinatos, nació en Nueva Yersey un 11 de abril de 1935 y como podréis imaginar (como muchas veces ocurre en los casos de asesinos en serie) no vivió, ni mucho menos, una infancia feliz: su padre Stanley era un maltratador y un alcohólico que lo sometía a él y a sus hermanos a constantes palizas y su madre Anna era una fanática religiosa que también lo maltrataba físicamente. La violencia en aquella casa era tan brutal que uno de sus hermanos mayores, Florian, murió tras una paliza de su padre. La versión que dieron a las autoridades fue que el pequeño se había caído por las escaleras y nada hizo sospechar lo contrario a los investigadores, que archivaron el caso como una muerte accidental.

De niño Richard Kuklinski no quería relacionarse con nadie, no mostraba el más mínimo interés en la escuela, ni siquiera en jugar o divertirse, aunque cuando cumplió 10 años descubrió un nuevo pasatiempo: torturar animales. Acabó con la vida de perros y gatos de las maneras más crueles que os podáis imaginar aunque su “método” preferido era introducirlos en el horno de su casa y ver cómo ardían. Algo que confesaría años más tarde en las múltiples entrevistas que concedió es que este tipo de actos no le producían ningún tipo de sentimiento: no sentía remordimiento ni culpa pero tampoco sentía satisfacción o disfrutaba con ello, simplemente lo hacía.

Al ser tan solitario pronto fue el objeto de burlas de varios chicos del barrio, en concreto, de una pandilla callejera conocida como “The proyect boys” que se dedicaba a acosar y a amedrentar a todo aquel que se cruzaba en su camino. Pero aquella pandilla de delincuentes se metió con quien no debía: cuando Richard tenía 13 años decidió acabar de una vez por todas con el problema: aprovechó un momento en el que el cabecilla, Charley Lane, de 16 años, estaba solo para seguirlo: acabó con su vida a golpes, le sacó los dientes con un martillo y le cortó los dedos a machetazos y después tiró lo que quedaba de Charley por un puente. No se inmutó, es más, volvió a casa tranquilamente lanzando a cada paso los dedos y los dientes de su primera víctima. Había encontrado una manera de solucionar los problemas: la violencia y desde entonces resolvió con palizas cualquier tipo de disputa o confrontación. Se encargó, por supuesto, de vengarse del resto de miembros de “The proyect boys” dándoles palizas y dejándolos moribundos. Al fin y al cabo, como dijo en una entrevista “es mejor dar que recibir”.

Cuando tenía 16 años cometió su segundo asesinato: mientras jugaba al billar en un bar un chico llamado Doyle se burló de él. Richard se sintió humillado y frustrado pero para sorpresa de quienes lo conocían no montó en cólera ni comenzó una pelea. Simplemente esperó a que Doyle saliese del bar, lo siguió y cuando éste se dispuso a dormir en su coche, vació sobre él un bidón de gasolina y le plantó fuego mientras observaba satisfecho cómo Doyle moría.

Violencia, mucha violencia y también delincuencia: por aquella época era el cabecilla de una banda llamada “Las Rosas Nacientes” y se dedicaba a realizar todo tipo de robos y atracos a almacenes. Y entre los atracos, las palizas y las peleas en bares pronto llamó la atención de la Mafia, que pensó que sería un buen fichaje y contactó con él para ponerlo a prueba: debía matar a un completo desconocido. Kuklinski no lo dudó, bajó del coche, se dirigió a un transeúnte y le disparó en la cabeza sin titubear. Había pasado la prueba de fuego y las Rosas Nacientes fueron fichados por la Mafia para encargarse del cobro de deudas y de diferentes ajustes de cuentas. No duraron mucho, pues Kuklinski pronto recibió la orden de deshacerse de sus compinches: dicho y hecho. Era el fin de las Rosas Nacientes pero el comienzo de una carrera en solitario como sicario para Kuklinski que había dejado impresionado al propio Roy de Meo, uno de los sicarios más conocidos de la historia de la Mafia con quien trabajaría codo con codo durante más de 20 años.

Roy de Meo

Y entre asesinato y asesinato para la Mafia de Nueva Yersey ¿Qué hacía Kuklinski? Pues además de producir películas pornográficas que luego vendía a la familia Gambino y dar sus propios golpes le gustaba cometer asesinatos por su cuenta. No se trataba de otros encargos ni de un ajuste de cuentas por rencillas personales, simplemente se tomó el asesinar como una distracción, como un método que podía ser perfeccionado. Y así lo hizo: viajaba a Manhattan con frecuencia y asesinaba principalmente a mendigos con todo tipo de técnicas: estrangulamiento, apuñalamiento, a golpes y también con armas de pequeño calibre: en cada asesinato iba probando a disparar en diferentes zonas del cuerpo para comprobar cuánto tardaban en morir. Al utilizar diferentes métodos, la policía neoyorquina jamás pensó que los casos pudiesen estar relacionados y su principal hipótesis fue que los mendigos se estaban matando los unos a los otros, lo que permitió a Kuklinski seguir asesinando y seguir perfeccionando su técnica.

Prefería utilizar métodos más discretos, que no llamasen la atención pero si le ordenaban que su víctima sufriese, Kuklinski cumplía como nadie: En una ocasión la mafia le encargó asesinar a un miembro de la familia con el requisito de que la víctima debía sufrir mucho antes de morir. Lo vigiló durante semanas y, pese a que estaba atrincherado en su mansión, consiguió llegar hasta él, lo golpeó, lo dejó inconsciente y lo metió en el maletero de su coche. Condujo hasta el desierto y allí acabó con su vida con un bate de beisbol. Cuando tenía este tipo de peticiones Kuklinski era creativo. Para que os hagáis una idea de hasta dónde llegaba su imaginación os cuento uno de sus métodos: llevar a su víctima a una cueva, atarla y dejar que fuese devorada por centenares de ratas mientras grababa el asesinato en vídeo. Otro de los métodos que lo haría famoso y por el cual recibiría el sobrenombre de “Iceman” era la congelación de cadáveres, a algunos, llegó a conservarlos durante dos años. Luego, se deshacía de ellos y, con suerte, conseguía despistar a los forenses con la fecha de la muerte.

Era despiadado y tremendamente eficiente pero tenía su propio código ético: no mataba ni a mujeres ni a niños, es más, tenía una especial animadversión a quien les hacía daño. En una ocasión le encargaron deshacerse de un pederasta que había violado a una chica de 14 años. Y ahí no hubo discreción ni métodos limpios: dio con él, lo amarró a un árbol, le arrancó los testículos con la mano, le cortó el pene, lo acuchilló y lo destripó para luego lanzarlo al mar. Y es que para Kuklinski las mujeres y los niños eran sagrados: se enfureció enormemente cuando descubrió que su propio hermano había violado y asesinado a una adolescente de 14 años y cortó definitivamente lazos con él.

Aunque no le hacía ascos a cualquier método, lo cierto es que Kuklinski (al que todos conocían con el sobrenombre de “El polaco”) prefería ejecutar asesinatos limpios, rápidos y discretos. Descubrió que el cianuro era rápido y muy efectivo y empezó a usarlo introduciéndolo en el cuerpo de sus víctimas con una pequeña aguja. Un tiempo después descubrió que también podía usarlo en forma de aerosol, pulverizando la cara de su víctima. Para comprobar que aquel método era efectivo, se acercó a un vagabundo, presionó aquel spray y aquel pobre hombre murió en menos de 15 segundos. Había encontrado un método rápido y limpio que utilizaría en la mayoría de los crímenes.

A principios de los años 80 Kuklinski ya era quizás uno de los principales sicarios de las cinco familias de NY y había sido el responsable de ejecutar a otros miembros de la mafia e incluso al propio De Meo. También había acabado con la vida de muchos de sus socios en otros golpes que había dado, por lo que el detective Patrik Kane se fijó en él: estuvo casi seis años investigándolo, siguiendo sus pasos e intentando recabar pruebas contra él. Finalmente decidió ir a su casa e interrogarlo sobre algunos asesinatos atribuidos a la Mafia y sobre la muerte de Roy de Meo. Kuklinski no se inmutó, se negó amablemente a contestar a sus preguntas y lo echó de su casa. Pero aquel osado detective le había molestado, se había sentido amenazado y, como os podéis imaginar, comenzó a planear cómo acabar con su vida. Debía ser un asesinato limpio, que no levantase sospechas y el cianuro era el método perfecto pero para evitar sospechas el encargado de cometer el asesinato debía ser otra persona y así fue como contactó con Michael Provenzano: durante varias conversaciones telefónicas especificó para qué quería el cianuro y alardeó de los múltiples asesinatos que había cometido con él. Lo que Kuklinski desconocía es que Michael Provenzano era un agente encubierto llamado Dominick Polifrone, que formaba parte de la “Operación hombre de hielo”: las grabaciones de sus conversaciones bastaron para que Kuklinski fuese detenido y juzgado. Sólo pudo ser condenado a cinco cadenas perpetuas por 5 asesinatos: el resto de crímenes no pudieron ser probados por la falta de pruebas y testigos y la negativa de la mafia a colaborar.

Durante su estancia en la cárcel concedió numerosas entrevistas a psiquiatras, criminólogos y escritores y proporcionó el material suficiente para grabar tres documentales en los que confesaba, sin ningún tipo de remordimiento, ser el autor de más de 200 asesinatos y en los que relata con todo tipo de detalles sus crímenes. Kuklinki falleció el 5 de marzo del 2006 por causas naturales pero no son pocos los que sospechan de que fue envenenado ya que estaba dispuesto a confesar varios de los crímenes que había cometido para la Mafia que incriminarían directamente a Gambino. 

Y hasta aquí el hilo de hoy: he tenido que resumir mucho la historia de este asesino en serie y pasar de puntillas por sus conexiones con la mafia y también su vida familiar pero os dejo la bibliografía que he utilizado por si os apetece saber algo más sobre él:

http://grotesqueandarabesque.blogspot.com/2014/03/richard-kuklinski-el-hombre-de-hielo.html

Os dejo también una entrevista que el psiquiatra Park Deeds le hizo hace unos años. No tiene desperdicio:

Publicado por veganibalecter

Como perder el tiempo en twitter no me parecía suficiente...decidí abrirme este blog. Aquí encontraréis (en otro formato) mis hilos sobre cine, historia, literatura, sociología...

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